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Cuando nada se disfruta: una forma silenciosa en la que la Depresión aparece

  • Foto del escritor: bh salud mental
    bh salud mental
  • hace 6 días
  • 4 Min. de lectura

Al comienzo no fue un golpe fuerte. No hubo una tragedia clara ni un día exacto en el que todo cambiara. Simplemente, algo empezó a apagarse.

Seguía levantándose, cumpliendo con lo que había que hacer, y hasta podía decir que “todo estaba bien”. Pero las cosas que antes conectaban —una conversación, una comida, una serie, una caminata— ya no provocaban nada. Ni alegría, ni interés, ni curiosidad. Solo una sensación plana, como si la vida pasara sin tocarlo del todo.


A veces este cambio llega después de una pérdida, un quiebre, un desgaste prolongado. Otras veces aparece de forma más silenciosa: actividades que antes tenían sentido dejan de reforzarse, la etapa vital cambia, los propósitos se mueven… pero seguimos haciendo lo mismo por inercia, por mandato, por costumbre. Y poco a poco, el disfrute se va retirando.


Eso tiene un nombre: anhedonia, y este es el síntomas central de la depresión


¿Qué está pasando realmente?


La anhedonia es la disminución generalizada del disfrute o del interés por las actividades de la vida. Y aunque suele asociarse a la depresión, muchas personas no la reconocen como tal porque no siempre viene acompañada de tristeza intensa. De hecho, en muchos casos, el ánimo bajo aparece después.


Desde una mirada clínica, la anhedonia es uno de los núcleos centrales de la depresión, incluso más que el “sentirse triste” y tener un “bajo ánimo”. No es que la persona haya perdido para siempre la capacidad de disfrutar, es que su forma de relacionarse con la vida se ha ido estrechando.


Cuando dejamos de recibir consecuencias reforzantes (sensaciones agradables) de lo que hacemos —porque cambió el contexto, porque hubo pérdidas, porque ya no conecta con lo que valoramos— y no reemplazamos esas fuentes, el sistema empieza a apagarse. Menos actividad, menos contacto con experiencias significativas, menos señales que indiquen “esto vale la pena”.


Señales claras de que el disfrute se está apagando


La anhedonia no suele aparecer de golpe. Se cuela en lo cotidiano:


  • Actividades que antes resultaban agradables ahora se sienten neutras o vacías.

  • Sigues haciendo cosas “porque toca”, pero sin conexión real o recompensa significativa.

  • Dejas de iniciar planes nuevos y reduces progresivamente tus actividades.

  • Todo parece costar más, incluso para lo sencillo hay menos motivación

  • Aparecen pensamientos repetitivos sobre el pasado, errores, culpas o expectativas no cumplidas, que contaminan cualquier intento de disfrute.


Cuando estas señales se sostienen en el tiempo y no se ajustan, el desinterés empieza a generalizarse.


¿Por qué esperar a que “vuelvan las ganas” no suele funcionar?


Porque la motivación no aparece antes de la acción, aparece después (recuerda este principio: La motivación sigue a la acción).


Cuando una persona deja de activarse esperando sentirse mejor primero, entra en un círculo difícil: al no actuar, no accede a experiencias que podrían generar recompensa y al no haber recompensa, la motivación sigue bajando. No es falta de voluntad, es un problema de aprendizaje en el que interactuar con el contexto actual se ha vuelto más y más difícil.


A esto se suma otro factor clave: la rumiación. Incluso cuando la persona intenta activarse, si lo hace mientras su mente repite mensajes de crítica, culpa o desesperanza, la experiencia queda “contaminada” y la recompensa no llega a percibirse. El cuerpo está ahí, pero la mente está atrapada en otro lugar.


Dos pilares para trabajar la depresión


En el trabajo terapéutico, hay dos procesos que deben ir de la mano:


  1. Cambiar la relación con la rumiación: No se trata de eliminar pensamientos sobre el pasado, la culpa o lo que no fue. Se trata de aprender a no quedar atrapado en esos laberintos mentales que drenan energía y desconectan del presente.

  2. Activación conductual con sentido: No es “hacer por hacer”. Es recuperar o construir actividades conectadas con valores actuales —no con mandatos antiguos—, acordes a la etapa de vida en la que estás hoy. Activarse para volver a sentir, no para exigirse sentir.


Una sin la otra no funciona. Activarse sin trabajar la rumiación suele fracasar. Y trabajar la mente sin mover la vida deja el cambio a medias.


¿Qué busca realmente la terapia en estos casos?


La terapia no busca forzarte a disfrutar ni convencerte de que “todo está bien” y mucho menos hacerte pensar en positivo. Busca ayudarte a entender como funciona en tu historia particular, para contribuir a reconectarte con la vida de una manera distinta, aun cuando el disfrute no aparece de inmediato.


A través de un proceso guiado, se trabajan nuevas formas de relacionarte con tus pensamientos, se diseñan acciones con sentido, se exploran nuevos propósitos y se reconstruyen fuentes de refuerzo que permitan que, con el tiempo, la motivación y el bienestar reaparezcan como consecuencia.



Si sientes que el disfrute se ha ido apagando y no sabes cómo volver a conectar, iniciar un proceso terapéutico puede marcar la diferencia.


En bh Salud Mental te acompañamos a afrontar la depresión desde un enfoque basado en evidencia y orientado a recuperar una vida valiosa. 



1 comentario

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Marcela
hace 6 días
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me senti totalmente identificada, mil gracias.

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